Lansing Community Statement on Venezuela

Lansing Community Statement on Venezuela

Statement drafted by several local organizations, listed below

We, the undersigned peoples’ organizations of Lansing, unequivocally condemn the January 3rd attack on Venezuela, the illegal abduction of the President and First Lady of Venezuela, and subsequent threats made by the Trump administration against the sovereignty of independent nations around the world.

This raid constitutes an open act of war, breaching the United Nations Charter and principle of non‑intervention, and reflects naked imperialism and colonialist ambition, echoing a historic pattern of U.S. hegemony in the Americas. Despite allegations of “narco-terrorism,” the operation lacks any legitimate authorization under either international law or the U.S. Constitution, demonstrating an alarming consolidation of executive power that places the administration “above the law.”

The intervention has been followed by further threats against nations such as Cuba and Mexico, and signals a willingness to extend coercive force throughout the region. It aligns with a wider campaign of anti‑immigrant violence, using the pretext of “returning” Venezuelans to the homeland while simultaneously supporting oppressive regimes. Acting in the interest of American oil and tech corporations, the United States military has seized control of the world’s largest oil reserve, estimated to be worth upwards of 18 trillion dollars, along with vast supplies of rare earth minerals. With ownership of these resources removed from state-owned enterprises and placed firmly in the hands of multinational corporations, Venezuelans are being denied a self-sufficient and prosperous future. Moreover, the U.S.’s grip over our planet’s fossil fuel supply has tightened, undermining the existence of people and ecosystems as we plunge further into the climate crisis.

Let it be known that this is not a unique incident. The United States has a long history of interference in Latin America and the Caribbean. From the 19-year-long occupation of Haiti beginning in 1915 to the installation of the brutal Chilean dictator Augusto Pinochet in 1973, the results have been the same: destabilization, authoritarianism, and economic policies that open the door to capitalist extraction. American imperialism has stunted the growth of democracy, socialism, and self-determined nations throughout the Western Hemisphere and the entire world.

This assault is part of a systematic war on socialist governance in the hemisphere, mirroring domestic fascist tendencies. From the North Lake Processing Center in Baldwin, Michigan, to the CECOT camp in El Salvador, the United States continues to operate detention facilities that reflect a broader strategy of ethnic cleansing and migrant criminalization. The Venezuelan operation will likely be leveraged to justify further anti‑immigrant measures and the creation of concentration camps for displaced peoples.

The Trump administration has publicly framed the invasion as a decisive step toward “running the country,” openly praised the use of force against a sovereign nation, and linked the operation to his broader agenda of protecting American corporate interests abroad. Trump’s address on the day of the attack also glorified militarized nationalism, explicitly lauds the deployment of the National Guard in U.S. cities, and champions the expansion of ICE’s powers, thereby tying external aggression to domestic repression.

It is not only the fascistic actions of the Trump administration that bind the struggles of the peoples of the world to our struggles for dignity and justice at home. The financial interests that seek to dominate the natural resources of nations like Venezuela are the same interests that deny working people in the United States housing, healthcare, and a healthy climate. The enemy of the American people is not Nicolas Maduro or the people of Venezuela, Cuba, Nigeria, Mexico, or any other nation targeted by the imperialist designs of the American ruling class; the enemy is that ruling class.

We stand in solidarity with the people of Venezuela, Cuba, Mexico, and all communities threatened by U.S. aggression backed by corporate and financial power. The world must reject the resurgence of colonial violence and uphold the universal right to self‑determination, peace, and justice.

Signed:

  • Greater Lansing Communist Party USA
  • CODEPINK Lansing
  • Sunrise Movement MSU
  • Peace Education Center
  • Greater Lansing DSA
  • Michigan Coalition Against Genocide
  • No Detention Centers Michigan


Declaración elaborada por varias organizaciones locales.

Nosotros, las organizaciones locales de Lansing, condenamos rotundamente el ataque del 3 de enero en Venezuela, el secuestro ilegal del presidente y la primera dama de Venezuela, y las posteriores amenazas del gobierno de Trump contra la soberanía de las naciones independientes de todo el mundo.

Este ataque constituye un acto de guerra abierta, viola la Carta de las Naciones Unidas y el principio de no intervención, y refleja un imperialismo flagrante y una ambición colonial, demostrando un patrón histórico de hegemonía estadounidense en las Américas. A pesar de las acusaciones de “narcoterrorismo”, la operación carece de autorización legítima tanto según el derecho internacional como según la Constitución de los Estados Unidos, lo que demuestra una alarmante consolidación del poder ejecutivo que sitúa a la administración por encima de la ley. 

La intervencion ha ido seguida de nuevas amenazas contra naciones como Cuba y Mexico, y evidencia la voluntad de extender la fuerza coercitiva por toda la region. Esto se enmarca en una campaña más amplia de violencia antiinmigrante, que utiliza el pretexto de “repatriar” a los venezolanos al mismo tiempo que apoya a regímenes opresivos. Actuando en interés de las compañías petroleras y tecnológicas estadounidenses, el ejército de Estados Unidos se ha apoderado del mayor yacimiento de petróleo del mundo, cuyo valor se estima en más de 18 billones de dólares, junto con vastas reservas de minerales de tierras raras. Al arrebatar la propiedad de estos recursos a las empresas estatales y ponerla firmemente en manos de corporaciones multinacionales, se está negando a los venezolanos un futuro autosuficiente y próspero. Además, el control de Estados Unidos sobre el suministro de combustibles fósiles de nuestro planeta se ha intensificado, socavando la existencia de personas y ecosistemas a medida que nos adentramos aún más en la crisis climática.

Que quede claro que este no es un incidente aislado. Estados Unidos tiene una larga historia de interferencia en América Latina y el Caribe. Desde la ocupación de Haití que duró 19 años, comenzando en 1915, hasta la instauración del brutal dictador chileno Augusto Pinochet en 1973, los resultados han sido los mismos: desestabilización, autoritarismo y políticas económicas que abren la puerta a la explotación capitalista. El imperialismo estadounidense ha frenado el desarrollo de la democracia, el socialismo y la autodeterminación de las naciones en todo el hemisferio occidental y en el mundo entero.

Este ataque forma parte de una guerra sistémica contra los gobiernos socialistas en el hemisferio, que refleja las tendencias fascistas internas de Estados Unidos. Desde el North Lake Processing Center en Baldwin, Michigan, hasta el campamento CECOT en El Salvador, Estados Unidos continúa operando centros de detención que reflejan una estrategia más amplia de limpieza étnica y criminalización de los migrantes. Es probable que la operación en Venezuela se utilice para justificar nuevas medidas antiinmigrantes y la creación de campos de concentración para personas desplazadas.

El gobierno Trump ha presentado públicamente la invasión como un paso decisivo para “dirigir el país”, ha elogiado abiertamente el uso de la fuerza contra una nación soberana y ha vinculado la operación a su agenda más amplia de proteger los intereses corporativos estadounidenses en el extranjero. El discurso de Trump el día del ataque también glorificó el nacionalismo militarizado, elogió explícitamente el despliegue de la Guardia Nacional en las ciudades estadounidenses y defendió la ampliación de los poderes del ICE, vinculando así la agresión externa con la represión interna.

No son solo las acciones fascistas del gobierno Trump las que vinculan las luchas de los pueblos del mundo con nuestras luchas por la dignidad y la justicia en nuestro propio país. Los intereses financieros que buscan dominar los recursos naturales de naciones como Venezuela son los mismos intereses que niegan a los trabajadores en Estados Unidos vivienda, atención médica y un medio ambiente saludable. El enemigo del pueblo estadounidense no es Nicolás Maduro, ni el pueblo de Venezuela, Cuba, Nigeria, México, ni ninguna otra nación que sea blanco de los designios imperialistas de la clase dominante estadounidense; el enemigo es precisamente esa clase dominante.

Nos solidarizamos con el pueblo de Venezuela, Cuba, México y todas las comunidades amenazadas por la agresión estadounidense respaldada por el poder corporativo y financiero. El mundo debe rechazar el resurgimiento de la violencia colonial y defender el derecho universal a la autodeterminación, la paz y la justicia.

Firmado por: 

  • Greater Lansing Communist Party USA
  • CODEPINK Lansing
  • Sunrise Movement MSU
  • Peace Education Center
  • Greater Lansing DSA
  • Michigan Coalition Against Genocide
  • No Detention Centers Michigan

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